"Tetabiate es nuestra historia"

La resistencia del pueblo yaqui

Juan Silverio Jaime León


Al norte de México, en el estado de Sonora, y en una de las entradas a la sierra del Bacatete, a escasos metros del promontorio donde se elevan los vestigios del antiguo cuartel del Bacatete, se encuentra la tumba donde fueron enterrados los restos de Juan Maldonado Waswechia, mejor conocido como Tetabiate y quien fue uno de los líderes políticos y militares más importantes de la tribu yaqui. Al cumplirse cien años de su muerte, a manos del ejército federal, los yaquis decidieron realizar un homenaje luctuoso al héroe. Este acto representa un hecho sin antecedentes en la relación entre yoremes (yaquis) y yoris (blancos); para valorar la trascendencia del homenaje, debemos considerar el hecho de que es la primera vez que los yaquis invitan a sus antiguos y no tan distantes enemigos, a reunirse en un baluarte de la resistencia étnica, ya que esto es lo que representa profundamente la sierra del Bacatete en la conciencia yoreme. El profesor Juan Silverio Jaime leyó el siguiente texto.


Buenas tardes señor gobernador, señores autoridades tradicionales, señores invitados a esta ceremonia luctuosa, queremos agradecer muy en especial a los descendientes de Juan Maldonado Tetabiate. Se encuentran personajes muy distinguidos de Tucson. En el otro país, también tiene descendientes Juan Maldonado y no se han olvidado de él.


El 10 de julio del presente año se cumplieron cien años de la muerte de Juan Maldonado Waswechia, mejor conocido como Tetabiate, ejecutado por el ejército federal mexicano en el año de 1901. Aquí yacen los restos de aquel hombre que protagonizó uno de los pasajes históricos más sangrientos que haya vivido la tribu después de Hurdaide y Cajeme y de las políticas más devastadoras e inhumanas, el exterminio total de nuestro pueblo. Aquí está Tetabiate, el hombre que dignificó la lucha de su pueblo en su afán de autonomía de gobierno y de territorio, aquel que quiso definir sus ideales y razones, firmando la paz con el supremo gobierno. Aquel que se formó a la sombra de otro hombre valeroso, José María Leyva (Cajeme), aprendiendo cómo luchar con inteligencia y sobrevivir a la política devastadora y cruel de esos tiempos. Tetabiate significa nuestra historia y no nos avergüenza compartirla con nuestros hijos y nuestros hermanos y parientes; mucho menos con gente ajena a nuestra raza, porque es un ejemplo de orgullo para nuestro pueblo y nuestras futuras generaciones.


Cómo dejar de mencionar aquí a todos aquellos hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos que con su sangre dignifican nuestra raza. A los capitanes, a los comandantes que quedaron en los campos de batalla a todo lo largo y ancho de esta sierra del Bacatete. Como todos sabemos, nuestros antepasados no se doblegaron ante las agresiones; con valentía y mucho orgullo defendieron nuestro territorio y los valores culturales que nos identifican como pueblo. Entonces la lucha de resistencia se convirtió en parte de la vida cotidiana de nuestros pueblos yaquis.

 

Han transcurrido cien años, un siglo, y nos encontramos en un nuevo milenio y nuestro pueblo sigue luchando. Hoy esta lucha de resistencia se desarrolla a través de diversas vías. Algunos pueblos, obligados por las circunstancias del momento han optado por la rebelión, otros por la movilización social; otros levantan su voz en los parlamentos de representación popular a donde han llegado porque las condiciones políticas así lo permiten. Por ello en la actualidad se abre una nueva fase de profundas transformaciones sociales, asentándose las bases para su desenvolvimiento y condicionamientos de la época actual. Por un lado se alienta, mediante un decidido apoyo, una nueva organización económica, por el otro se inserta dentro de la estructura organizativa de nuestra tribu una serie de instituciones que gradualmente se han posesionado de los antiguos espacios de decisión, control y reproducción de los elementos culturales que los yaquis habíamos logrado conservar a través de los tiempos.


Esta situación condicionó a la tribu a las directrices externas impulsadas por las políticas de los diferentes gobiernos nacionales. El resultado fue la generación de una profunda dependencia hacia el Estado mexicano expresada en las acciones de cada una de las instituciones que fueron encargadas de apoyar las distintas instancias de la vida productiva, organizativa y de bienestar social.

En la reciente década la tribu yaqui decide encausar su propio proceso de desarrollo, condición que no implica modificar la estructura tradicional, sino la extensión de parte de la autoridad tradicional para operar y discutir con las instituciones la dirección del desarrollo económico, de bienestar social y de los valores culturales.

Nuestra exigencia para el nuevo gobierno federal es el compromiso real en su reconocimiento al derecho de libre determinación de la tribu, no de coyuntura, sino en el marco de una profunda reforma de Estado que impulse acciones para el desarrollo y justicia mediante el apoyo de nuestros planteamientos. 

 

El gobierno federal ha manejado la palabra respeto como principio que debe normar las acciones gubernamentales en su relación con los pueblos indios. Para nosotros el respeto significa conservar la autonomía diferenciada sin menoscabo de la soberanía nacional; dejar ser a la tribu yaqui en sus asuntos y decisiones sin menoscabo del interés nacional y público. Todas las políticas, formas de pensamiento y prácticas basadas en la superioridad de determinadas sociedades, que utilizan razones de origen nacional o diferencias culturales, son racistas, inválidas por las ciencias sociales, moralmente condenables, socialmente injustas e históricamente enjuiciables.


En los actuales tiempos los esfuerzos por subordinar el modo de vida de los yaquis al marco de las instituciones del gobierno central mexicano persisten y la resistencia se da mediante el impulso al autodesarrollo.


Por ello expresamos que no será por el trabajo clientelar de los indígenas, para partidos políticos, o de indígenas para indígenas, como se hará realidad el proyecto de autodeterminación, sino por el reforzamiento de las instituciones propias.


Este proyecto incluye atender y conservar los esfuerzos que se den en el marco nacional e internacional sobre el reconocimiento de la existencia de derechos primordiales de los indígenas; al respecto la tribu yaqui considera como un derecho primario la conservación íntegra del patrimonio natural, territorio y recurso agua.


Nuestro avance se ve limitado por los intereses que disputan la explotación de nuestros recursos y que encuentra condiciones favorables dentro de una política económica y social que no contribuye a las necesidades y satisfactores más elementales de nuestro pueblo yaqui. La necesidad de mantenernos en defensa exige a los yaquis reconocer los efectos nocivos de la sobreprotección en las diferentes ramas económicas y las caridades del pasado, por ello nuestro interés está en la corresponsabilidad y el convencimiento de que nadie hará por nosotros lo que debemos hacer nosotros mismos y de expresar nuestra conceptualización del proceso de desarrollo pasado, presente y el que queremos para un mejor futuro de nuestro pueblo yaqui y así cumplir las razones justicieras de Juan Maldonado Tetabiate.


Sierra del Bacatete, Sonora, 12 de julio

 

INFORMACIÓN EN:

http://www.jornada.unam.mx/2001/08/20/oja52-yaquis.html